
Es la piedra preciosa más pura y valiosa que existe, por esto es el símbolo perfecto para cerrar un compromiso para toda la vida. Para elegirlo, debes fijarte en las siguientes cualidades:
Corte: Puede estar cortado en distintas formas: redondo, cuadrado (de carré), rectangular (de baguette), triangular, oval, en forma de corazón, de pera, en corte esmeralda, princesa o marquesa.
Claridad: Es el reflejo de su pureza. Es muy raro encontrar un diamante perfecto y sin ninguna pequeña mancha. Las imperfecciones influyen en su valor, pero no obstaculizan el reflejo de la luz, pues son sólo visibles por expertos con potentes lentes de aumento.
Color: La mayoría de los diamantes son transparentes, pero muchos tienen suaves tonalidades amarillas, cafés, rosas, azules o verdes.
Peso: También determina su valor y se mide en quilates. Un diamante de un quilate pesa 100 puntos y uno de medio quilate 50 puntos.
Montadura: Es el anillo que sostiene a la piedra. Entre más sencilla sea, más lucirá la piedra. Generalmente es de oro, pero actualmente se está usando mucho de platino por ser un metal con mayor durabilidad y brillo que el oro.
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