
Todos sabemos que siempre es triste y doloroso arrastrar la vida cuando no se recibió amor, sobre todo de los padres durante la niñez. Todo el que ha estudiado siquiera un poco al ser humano, le va a decir que los cinco primeros años de la vida dejan una marca imborrable para toda la vida, para bien o para mal. Por eso, el privar a un niño de amor es como privar de fertilizante a un árbol que empieza a crecer, pero el golpearlo es como echarle veneno, lo va a terminar de matar psicológicamente y emocionalmente, o mejor va a crecer herido de muerte. Pero hay golpes y golpes, algunos golpes sacan sangre o dejan morados, incluso un mal golpe puede producir la muerte, pero hay otros mas sutiles que no se ven, pero que se graban a fuego lento no sólo en mente sino en la identidad de ese niño o de esa niña. Se graban en su "yo", y los frutos de estos golpes emocionales se van a ver después en sus relaciones con personas significativas y en su relación con el mundo.
Me gustaría hablar un poco más detalladamente de esos golpes, que solamente los ven o los oyen quienes los dan, aunque no piensen en las consecuencias futuras y terribles que van a traer en sus hijos.
Está claro, que cuando se repiten los golpes físicos, pero sobre todo los psicológicos o emocionales, se va agotando el amor. Nosotros los adultos sabemos como duele el silencio, tal vez más que las palabras ofensivas. Ese silencio es el peor de los castigos, ahora imagínese a un niño que no ha hecho nada y no se le habla, y no se le abraza y acaricia, cómo se va conformando su identidad...pensemos en eso.
¿Han pensado en el daño que hacen a sus hijos, posiblemente muchas veces sin darse cuenta, cuando en lugar de relacionarse con sus hijos pequeños están preocupados del trabajo, con la limpieza, etc., en forma obsesiva y perfeccionista la casa? Son golpes lentos que van formando defectuosamente la escultura de su hijo.
Silencio y ausencia, cuando se reprocha al hijo los pequeños errores pero cierras tu corazón y tu boca cuando hace algo bien. Por, ejemplo, cuando el niño empezó el kinder e hizo un dibujo, que pudo ser cuatro rayas cruzadas, pero que para él era una obra de arte, en lugar de abrazarlo o alabarlo, guardaste silencio. Con ello se produce en el hijo que aprenda a ver sólo los errores, pero no lo bueno que hay en sus personas.
Todos estos golpes emocionales y psicológicos, hacen tanto daño en la niñez porque el niño o la niña no sabe defenderse; su mente apenas empieza a desarrollar lentamente ciertos mecanismos de defensa para poder filtrar y analizar lo que ve y oye. Su mente es como una esponja: recibe todo. No tiene capacidad para decir esto es verdad o no es verdad, lo que dicen es justo o injusto. Por eso los mensajes-golpes son como olas gigantescas que llegan sin control a lo más profundo de ese ser indefenso. Pero que distinta es la niñez y el futuro de sus hijos cuando ellos palpan el amor entre su padre y su madre, cuando ellos desde pequeños ven que su madre recibe con un beso, un abrazo al padre que llega del trabajo, o cuando el padre viene con un ramo de flores para su esposa o le da un beso a su esposa. Son detalles que se van grabando en el alma de los niños, que van modelando su personalidad, que van llenando de amor ese tanque-corazón. Créame, esa será la mejor herencia que podrá dejar a sus hijos.
Todos los días asistimos al espectáculo de la violencia que nos presentan los medios: chicos que golpean a otros chicos, madres que golpean a la maestra, padres que golpean a la mujer, negligentes que ocasionan muertes por ahorrarse unos pesos, políticos que incitan a la violencia fomentando oposiciones para defender su (indefendible) accionar público, corrupción en todas las esferas públicas y privadas amparadas en la impunidad y en la injusticia, desamparo y sensación de desesperanza…
La violencia escolar es un ejemplo de la violencia social que los medios reflejan y fomentan, pero sobre todo es la resultante de la crisis de representación de las instituciones sociales básicas: la Familia, la Escuela, la Iglesia ya no son el lugar de identificación, el ejemplo a seguir por los jóvenes, el espacio de enseñanza de los valores, la moral y la ética, lo que está bien y lo que está mal.
Padres que no quieren repetir antiguas situaciones de represión y autoritarismo adulto, que no quieren verse a sí mismos como “adultos antiguos y represores”,terminan tratando a sus hijos como “amigos”, sin límites, sin ejemplos claros, dejándolos librados a una libertad que no saben manejar.
Escuelas desorientadas ante los cambios vertiginosos que las han dejado desactualizadas y desamparadas, de frente a una realidad que les exige educación de calidad, además de actuar de asistentes sociales, padres, psicólogos, mediadores y administradores eficaces de un paupérrimo presupuesto.
Las distintas religiones, por su parte, propiciando divisiones en lugar de proponer encuentros, individualismo en lugar de soluciones colectivas, aislamiento antes que integración y compromiso.
Es una realidad compleja de la que somos parte y responsables todos, en mayor o menor medida. Es un momento histórico que nos exige reflexión y compromiso: no cerrarnos en posturas extremas (”todo pasado fue mejor” o “el presente es inevitable e irreversible”), integrar las nuevas miradas, pero también rescatar lo bueno que había antes.
Los valores morales y éticos, lo que está bien y lo que está mal básicamente, son más o menos los mismos en todos lados. En Oriente y Occidente, en el Norte y el Sur, hay personas que respetan la vida de los otros, que son solidarios, que se comprometen, que saben que el hambre está mal, que pueden apreciar una injusticia, que basan su accionar en el amor y el respeto, que se esfuerzan día a día por crecer y mejorar, que eligen el diálogo antes que el grito irracional…
Cada uno de nosotros estamos en condiciones de hacer una lista básica de valores a rescatar para mejorar la realidad en que vivimos y ponerlos en práctica, desarrollar nuestra vida en torno a ellos y transmitírselos a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a nuestros vecinos…
Lo importante es rescatar el valor del ejemplo, siempre actuar de acuerdo a esos valores, sin andar imponiéndonos excepciones o justificando actitudes que no se condicen con ellos. Es cuestión de empezar a cambiar al mundo por uno mismo y por nuestro entorno inmediato, aportar un granito de arena, hacernos responsables
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